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Bitácora de un tipster

Hace unos días cumplí 10 meses como tipster y aunque parezca poco tiempo tengo la sensación que ha pasado muchísimo desde aquel día. Tuve la inmensa suerte de tener un padrino (Juan Gayá) que me dio a conocer, de modo que no tuve que empezar desde 0 como la amplia mayoría de tipsters y es que me parece una tarea complicadísima la de darse a conocer y seguramente hubiera arrojado la toalla.

Entré con un aval de 15 años como apostador pero esa experiencia no sirve completamente de nada como tipster, porque para mi un tipster no solamente es quien da pronósticos si no que además debe dar EJEMPLO, en toda la extensión de este concepto. Aconsejar, advertir de los peligros del juego, ayudar son algunos de los trabajos no remunerados que deben ser obligación ética del tipster, de igual modo que es de vital importancia llevar a cabo una estrategia donde el autocontrol y la disciplina sean la nota predominante. A pesar de mis errores podría decir que, a nivel personal, estoy satisfecho con mi desempeño, se habrá ganado más o menos pero creo que he sido prácticamente fiel a mis valores y os aseguro que es tremendamente difícil ser fiel a estos valores en este sector.

La sinceridad y transparencia ha sido otro pilar fundamental de mi estancia aquí. Para bien o para mal siempre he hablado claro y ya desde el primer día no dejé lugar a suposiciones al admitir, por activa y por pasiva, que si tengo un canal es para sacarle rentabilidad económica. Es tan simple como que mi tiempo vale dinero y solamente por ello considero que estoy en mi derecho de buscar una compensación. Y eso... no siempre gusta. Ser tan tajante en este tema ha dado pie a muchos al insulto fácil o a la amenaza cuando he teñido los días de color rojo. Para que os hagáis una idea de mi día a día os pongo un ejmplo: Propongo una apuesta de cuota @2 (donde le estimo entre un 55 y 60% de posibilidades de acierto). Si es verde, tres privados de agradecimiento. Si es rojo, diez privados de insultos y amenazas. Ya no solamente es tiempo que estoy perdiendo si no que además estoy en un trabajo que exige mucha responsabilidad y ante un público injusto (no en su mayoría). Otro problema que he tenido es dar la cara. ¿Por qué debo esconder mi nombre e imagen? ¿Qué hago de malo? Ciertamente esta transparencia me ha creado muchísimos problemas, desde amenazas a mis familiares a través de la red social Facebook o tener que desenchufar mi línea de teléfono fija por las numerosas llamadas que recibía a horas intempestivas. Ahora entiendo a tantos tipsters que se esconden detrás de un nick o un avatar.

Los primeros meses salí contento en cuanto a rentabilidad económica. Ganaba más que en mi anterior desempleo (no era muy difícil ya que sobrevivía como escritor regulero) pero las ganancias empezaron a decaer en picado. Cada vez somos más en esto y hay más pastel que repartir. Te das cuenta que o vendes felicidad y humo o la gente no compra. Porque y perdonen la expresión, hay mucho indigente intelectual que apuesta. Gente limitada que quiere comprar felicidad y que huye de la sinceridad y transparencia. Llega el mes de agosto y por primera vez PIERDO DINERO. El número de altas (afiliados) que hago no alcanza la cantidad de gastos fijos que me cuesta el canal (cuota de autónomo, asesor...). Además coincide en un mes malo y llego al límite. Es decir, he aguantado un mes de insultos y amenazas por un trabajo que me da pérdidas económicas. Soy sincero con vosotros y os pongo al margen de la situación, incluso comento que una casa de apuestas me adeuda mucho dinero, un dinero perteneciente a un reto en el cual devolví integramente a los apostadores porque lo perdí: Insultos, deudas, amenazas, peleas con una casa de apuestas, cientos de horas perdidos en esto.... ¿Vale la pena? Intento salir del bache proponiendo un par de retos en casas "vírgenes" y la aceptación es prácticamente nula. O lo dejo o busco otras vías de lucro y una de ellas fue un canal VIP, un canal diferente a la mayoría ya que no hay cuotas mensuales ni historias. De hecho, durante el primer mes pudo entrar cualquier persona que hiciera una donación a una ONG. Ahora con un simple registro a una casa de apuestas ya tiene acceso vitalicio. Asumo mi cagada al llenarme la boca de que jamás haría un canal Premium y al final lo hice. 

Tengo la sensación de que la gente no valora el tiempo que le dedico a esto. Os puede parecer una estupidez pero estoy convencido que no encontraréis a nadie que marque las apuestas justo después de acabar un partido. No hablo de un día ni de dos, si no de 10 meses, día a día estudiando partidos y estando pendientes de ellos. Y el fútbol es mi afición, pero esto, señores, es trabajo y responsabilidad. El Canal VIP nace como un nuevo intento de buscar rentabilidad a mi trabajo, trabajo que por supuesto seguirá manteniendo los mismos principios que hasta ahora: Transparencia, disciplina, honestidad y humildad.

Y no todo ha sido malo eh! Para nada. Muchísimos días buenos, apuestas imposibles que entraron, madrugadas de gloria en Paraguay, muchas amistades iniciadas con personas de cualquier rincón del mundo donde destacaría a Alberto de Madrid, Gustavo Arbulu, mis niños gallegos, Sofia de Colombia, Gustavo de Paraguay y tantos otros que me dejo en el tintero y que me han hecho mucho más amena esta estancia en esta loca aventura que me deja con sentimientos y emociones enfrentadas. Mencionar también al chico que me lleva las estadísticas, aunque me joroba que ese canal ponga en duda mi transparencia debo reconocer que hay días que me hace sacar una sonrisa con su ingenio y es que no hay nada más sano que reírse de uno mismo. Otros días no y se lo hago saber.

En resumen, una travesía muy intensa, con claros y oscuros donde después de 10 meses sigo pensando lo mismo: Sacar rentabilidad económica aportando conocimientos, transparencia, sinceridad y humildad. Aquí estaré hasta que pueda seguir fiel a mi palabra. 


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